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Historia del rejoneo



Para hablar del origen del rejoneo tenemos que remontarnos a la Baja Edad Media donde los caballeros practicaban el alanceamiento contra los toros bravos para demostrar su valentía, además erá un adiestramiento para la preparación de las batallas bélicas de la época. Debido a su expresividad y espectáculo el alanceamiento se tomó como tradición y pasó a llamarse “monta a la jineta”. Aunque el comienzo de este espectáculo no fue fácil ya que estamentos como la iglesia o algunas casas nobiliarias se opusieron a su ejercicio. Entre los siglos XV- XVII no encontramos en una etapa prolífica de retratistas, que ante el gran espectáculo que suponía el alancear un toro plasmaban en lienzos y grabados las los acontecimientos que el artista acontecía.

Posteriormente este alanceamiento tuvo una evolución en sus técnicas y comenzaron a practicarse lo que hoy se conoce como “suertes”. El concepto básico de la “suerte” comenzó en no esperar al toro en parado sino en ir a por el animal. Además el jinete buscaba algo más artístico y estético en sus movimientos a la hora de alancear y dar muerte al animal bravo. La “Jineta” o rejoneo a la antigua tuvo su edad de oro con la decadencia de la Casa de Austria y los reinados de Felipe IV y Carlos II. Entre los rejoneadores célebres de la época tenemos al duque de Medina Sidonia y a su amigo y protegido Antonio de Serna Espínola.



A partir del siglo XVIII el rejoneo pasó una etapa de decadencia donde el toreo a pie pasó a un primer plano debido a la grave crisis de la producción equina en la península donde las innumerables guerras habían vaciado y mestizado nuestra raza. A esto, se le suma que las posteriores Casas Reales se opusieron a la practica de la lidia, Fernando VI(1746-1759) cerró las plazas de toda España y prohibió la celebración de la fiesta durante 5 años. La reina Amalia, esposa de su sucesor y hermano Carlos II se mostró relativamente favorable. También Carlos IV, para no ser menos que sus antecesores suprimió la fiesta taurina. Con la revolución francesa y el reinado de José I se manifestaron inquietudes por restaurar la fiesta pero hubo oposición de varios generales franceses. Sin embargo fue aquí cuando de nuevo cuando comenzó a alzarse de nuevo la fiesta mas grande de nuestro país. El rejoneo quedó en destierro en España hasta el S. XX donde los jinetes que trabajaban con el ganado bravo comenzaron a realizar actuaciones en los ruedos españoles. Hasta que en 1.921 irrumpio en las plazas un profesor militar de profesión y concursista hípico llamado Antonio Cañero. Tras haber probado con el toreo a pie sin tener mucha suerte en sus intentos inició sus andadura en el mundo de rejoneo abriendo así un nuevo horizonte a un arte desterrado. Como todo artista tuvo un golpe de suerte ya que su aparición coincidió con una carencia de figuras del toreo a pie, lo que propició una especial acogida del pública del momento. Antonio Cañero unió sus profundos conocimientos tanto de los astados, como de los equinos lo que hizo poner en práctica las mismas faenas del toreo a pie pero a caballo. Así, en el primer tercio corría al toro de salida y sustituía al picador por los rejones de castigo, que atenuaban la fuerza del astado. También como en el toreo a pie, en el segundo tercio practicaba la suerte de banderillas adornándolas con su especial dominio ante el toro ya encelado. Y finalmente, en el último tercio, realizaba la suerte de matar con un rejón desde el caballo, o echaba el pie a tierra y con la muleta y el estoque finalizaba la suerte. Hay que añadir que rejoneaba a los toros en puntas u que entraba como uno más en el sorteo con los lidiadores. Dio por terminada su carrera como rejoneador en 1949 aunque celebro una última corrida ya apalabrada en 1950.

 

La guerra civil produjo de nuevo un vació en las plazas hasta que en 1.943 se volvió a recuperar la actividad en las plazas con la aparición de un nuevo rejoneador, Álvaro Domecq Díez, que irrumpió con fuerza por su elegancia como por el templar y la doma de sus caballos, así como la eficacia con la que terminaba sus suertes.

En este periodo hay que hacer especial mención a Conchita Citrón, aunque su actividad fue corta solo duró 5 años, fue otro de los hitos de esta vanguardia del rejoneo contemporáneo además de adjudicarse ser la primera rejoneadora de la historia. Sus pocos años en los ruedos se vieron afectados por la legislación española que prohibía que la mujer actuará en las plazas pie a tierra.

En 1945 debutó Ángel Peralta, el mayor de los hermanos de este apellido, su estilo rompió con los establecido , sus actuaciones se caracterizaron por una gran espectacularidad en comparación con los de sus coetáneos. Esa espectacularidad era debido a la gran doma que imprimía en sus caballos y por su asombrosa capacidad como jinete. Añadió a las suertes anteriores unas novedades que sentaron cátedra en el rejoneo moderno: banderilleaba por el lado izquierdo, con el caballo suelto, colocaba banderillas cortas a dos manos, inventó la suerte de las rosas, el clavar la banderilla al caer de una corveta, banderillear al cambio, citar al toro con el caballo de rodillas, piruetas al galope en la cara del toro y hacer cambiar de mano al toro con el quiebro del caballo. Muchas de las suertes que desarrollan los rejoneadores actuales son técnicas que instauró el maestro Peralta, es uno de los grandes revolucionarios de esta historia como lo son Pablo Hermoso de Mendoza o anteriormente João Moura.

Texto extraído de El rincón del centauro.

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