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Biografía de César Girón



Matador de toros venezolano, nacido en Caracas el 13 de junio de 1933, y fallecido en accidente de circulación el 19 de octubre de 1971, en el trayecto que va desde Valencia (Venezuela) hasta Caracas. Miembro de la dinastía torera más famosa de Venezuela, era hermano de los espadas Efraín Girón Díaz, Francisco Girón Díaz ("Curro Girón"); Freddy Girón Díaz y Rafael Girón Díaz. Además, fue tío de otro matador de toros, Marco Antonio Girón Lozano, hijo de "Curro Girón".

Su andadura torera no pudo tener un comienzo más cercano a la típica figura del esforzado maletilla que ha de aprovechar la menor ocasión para darse a conocer, ya que se lanzó como espontáneo a la arena del coso de Maracay (Venezuela) el día 5 de diciembre de 1946, reclamando una oportunidad para demostrar que podía llegar a ser alguien en la historia del Arte de Cúchares. A partir de entonces, consiguió que le dejaran intervenir en varios festejos menores, en los que se fue curtiendo en el duro oficio de torero hasta que, el 29 de enero de 1950, consiguió vestirse de luces por primera vez en su vida. El escenario de este debut fue el mismo que le había visto arrojarse de espontáneo, hollado ahora por seis novillos del hierro de don Francisco Solórzano, cuya lidia acometió César Girón en compañía de los jóvenes novilleros Moreno Sánchez y Paco Roldán. Desde aquella fecha, su nombre comenzó a sonar con fuerza entre los aficionados de Venezuela.



Sin embargo, consciente de que un matador de toros tiene que haber triunfado en España para poder alardear de primera figura del toreo, César Girón Díaz cruzó el Atlántico y debutó en suelo español en la localidad burgalesa de Miranda de Ebro, el día 13 de mayo de 1951. Pero el éxito que le abrió las puertas de las principales ferias del país le llegó un año más tarde, en día 16 de marzo de 1952, fecha en la que salió a hombros de la plaza de Barcelona, después de haber desorejado a sus dos enemigos. Aquella tarde, alternó con los novilleros Carlos Corpas y "Antoñete", para enfrentarse con un encierro de Garro y Díaz Guerra.

No tardó mucho en ser requerido por la primera afición del mundo, deseosa de revalidar en la cátedra de Las Ventas (Madrid) aquellos triunfos provincianos. Y así, el día 10 de julio de aquella campaña de 1952 pisó por vez primera César Girón la arena madrileña, acompañado en los carteles por "Carriles" y el susodicho "Antoñete"; pero el ganado de don Felipe Bartolomé no permitió el lucimiento de ninguno de los jóvenes, lo que no fue obstáculo para que César Girón volviera a ser contratado en la Monumental de Las Ventas a finales de aquel mismo mes. En esta segunda ocasión, verificada el día 27, el prometedor novillero venezolano cosechó un sonoro éxito, que sumado a los ya conseguidos a lo largo de aquella afortunada temporada le permitió afrontar el verano en España convertido en la figura estelar del escalafón novilleril.

En efecto, llevaba más de cuarenta contratos firmados y cumplidos cuando, todavía en el transcurso de aquella feliz temporada de 1952, decidió tomar la alternativa en las arenas de la Ciudad Condal. Corría, a la sazón, el día 28 de septiembre del mencionado año, fecha en la que hizo el paseíllo flanqueado por el genial coletudo azteca Carlos Ruiz Camino ("Carlos Arruza"), que comparecía en calidad de padrino, y por el no menos afamado diestro madrileño Agustín Parra Dueñas ("Parrita"), que hacía las veces de testigo. Aquella tarde, César Girón se doctoró dando lidia y muerte a estoque a un toro que atendía a la voz de Farolillo, perteneciente a la vacada de don Antonio Urquijo.

Para confirmar su alternativa en Madrid dejó pasar aún tres temporadas, lo que da buena cuenta de lo bien recibido que era en casi todos los cosos provincianos. Ello tal vez se debió a que el toreo de César Girón, intachable en lo que se refiere a la pulcra ejecución del oficio, no brillaba a demasiada altura en lo atingente a ese nivel estético que ha de alcanzar cualquier manifestación artística; o dicho de otro modo, a que el venezolano era un honrado y valiente ejecutor del toreo, fácil y eficaz en el manejo de los engaños (y, sobre todo, muy alegre y eficiente con las banderillas en la mano), pero escasamente adornado por ese halo de inspiración que bendice a los toreros artistas. De ahí que en Madrid, donde técnica e inspiración son valoradas a partes iguales, le fuera más difícil cosechar esos triunfos que, sin embargo, lograba de contino ante un público menos exigente. (Con todo, es obligado reseñar que dejó su aportación a la técnica del toreo en un lance de muleta de su invención, la girondina. Véase "Léxico taurino", en la voz taurino).

El caso es que no afrontó el severo compromiso de su confirmación hasta el día 14 de mayo de 1955, fecha en la que atravesó el ruedo de la Monumental de Las Ventas acompañado por el celebérrimo diestro madrileño -aunque nacido en Caracas- Antonio Mejías Jiménez ("Antonio Bienvenida"), que compareció en calidad de padrino; el cual, bajo la atenta mirada del espada albaceteño Pedro Martínez González ("Pedrés"), citado como testigo de la confirmación, cedió a César Girón los trastos con los que había de lidiar y estoquear a Bravío, un morlaco criado en las dehesas de don Juan Cobaleda.

  

A partir de esta ceremonia de confirmación, César Girón permaneció en activo en España durante tres temporadas, para acabar cortándose la coleta a finales de la campaña de 1958. Sin embargo, el gusanillo de la afición le obligó a volver a los ruedos en 1964, año en el que firmó y cumplió dieciocho ajustes en suelo español. En la campaña siguiente toreó dieciséis corridas en España, en la última de las cuales, verificada en Madrid el día 2 de octubre, volvió a despedirse de los ruedos ante la afición española. Fue aquél un festejo de ocho toros (siete de don Antonio Pérez de San Fernando y uno de El Pizarral), en el que César Girón compartió cartel con su hermano menor Efraín, y con los diestros españoles Andrés Hernando García y Joaquín Bernadó y Bartoméu.



De regreso a Venezuela, aún volvió a vestirse de luces para despedirse de sus compatriotas. Tuvo lugar este emotivo adiós en la plaza de toros de Caracas, el día 28 de marzo de 1966, fecha en la que César Girón protagonizó la gesta de encerrarse en solitario con seis reses bravas pertenecientes a la ganadería de Valparaíso. Tras obtener el galardón de seis apéndices auriculares, se cortó la coleta en la que parecía ser su postrera actuación vestido de luces. Sin embargo, al cabo de dos temporada sintió de nuevo la necesidad de reaparecer, lo que llevó a cabo en las arenas de Santa Cruz de Tenerife el día 21 de febrero de 1968, en compañía del diestro sevillano Manuel Vázquez Garcés ("Manolo Vázquez"), que también reapareció aquella tarde, y del espada jiennense Sebastián Palomo Martínez ("Palomo Linares"). Aún era bien recibido en los cosos españoles, a juzgar por las veintiún corridas que toreó en aquella temporada, cifra que repitió en la campaña de 1969.

Sin embargo, en 1970 sólo fue contratado en cuatro ocasiones (la última, en el pueblo alicantino de Ondara, el día 4 de agosto), circunstancia que le decidió a tomar el camino de vuelta a Venezuela, en donde se había estrenado como empresario taurino. Allí encontró la muerte el día 19 de octubre de 1971, cuando el vehículo en que viajaba desde Valencia hasta Colombia se empotró violentamente contra la parte trasera de un camión. Su condición de ídolo entre sus paisanos quedó entonces bien manifiesta, ya que fue enterrado en medio de la consternación general, y honrado con una estatua que reproduce su figura en la plaza de toros de Caracas.

Extraído de mcnbiografías.

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