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Biografía de Machaquito



Rafael González Madrid. Matador de toros español, nacido en Córdoba el 2 de enero de 1880, y muerto en su ciudad natal el 1 de julio de 1955. En el planeta de los toros, es conocido por el sobrenombre de "Machaquito".

Formado en la brega espontánea que, como en otras ciudades, surgió en el matadero cordobés -en donde trabajaba desde niño-, Rafael González Madrid fue alimentando su afición con el ganado bravo que salía entre las reses destinadas a abastecer de carne a sus paisanos. Cuando sólo tenía quince años acompañó a Palma del Río (Córdoba) al diestro "Malagueño", y anduvo allí tan voluntarioso y decidido, que el público circunstante le obligó a matar un novillo. Este reconocimiento le decidió a abandonar otros quehaceres para consagrarse definitivamente a la profesión taurina.


Formó parte de la cuadrilla juvenil que organizara un banderillero retirado, "Caniqui", en la que alternó muchas tardes con "Lagartijo Chico", sobrino del genial Rafael Molina Sánchez. Se presentaron ambos en Córdoba el 10 de abril de 1898, y en Madrid el 8 de septiembre de aquel mismo año. La afición estaba a favor de "Lagartijo Chico", esperanzada en que el muchacho reverdeciera los laureles de su tío. Pero la altura del toreo genial de "Lagartijo", el I Gran Califa de la tauromaquia cordobesa, era inalcanzable para el esforzado "Lagartijo Chico". Sin duda las exigencias que pesaban sobre él redundaron en provecho de "Machaquito", de quien los aficionados no esperaban tanto y a quien, en consecuencia, no examinaban con lupa.

Los dos jóvenes novilleros se doctoraron en el mismo festejo, en la tarde del 16 de septiembre de 1900. "Machaquito", cuya alternativa fue la última oficiada en el siglo XIX, recibió los trastos de manos de Emilio Torres Reina, "Bombita", hermano mayor de quien pronto habría de convertirse en su competidor sobre la arena. El toro cedido se llamaba Costillares, y procedía de la ganadería del Duque de Veragua. Unos minutos antes, "Lagartijo Chico", apadrinado por don Luis Mazzantini y Eguía, se había doctorado con la lidia y muerte de Jardinero, perteneciente a la misma vacada.

A partir de esta fecha, las trayectorias de "Machaquito" y "Lagartijo Chico" comenzaron a divergir: mientras éste, incapaz de responder a las expectativas derivadas de sus antecedentes familiares, se fue hundiendo poco a poco en el montón de los coletudos mediocres, "Machaquito" empezó a progresar desde la temporada de 1901, en la que intervino en sesenta festejos. En 1902, considerado ya como uno de los primeros espadas del momento, protagonizó un episodio heroico que le reportó la Cruz de la Beneficencia: el día 29 de agosto, mientras lidiaba un toro en la pequeña plaza de Hinojosa del Duque (Córdoba), parte del tendido se vino abajo y dio con sus ocupantes en la arena del ruedo. Asustado, el morlaco se arrancó con saña defensiva, presto a cornear a los caídos; pero Rafael González se interpuso en su acometida, con la pañosa en una mano y el acero en la otra, y, con desprecio de su propia vida (era peligrosísimo entrar a matar en aquel trance improvisado), recetó una soberbia estocada que acabó fulminantemente con el airado burel.

Aquella temporada actuó en cincuenta y tres sesiones; en 1903, fueron sesenta y cuatro las corridas que lidió, y cien en la campaña de 1904. Fue éste último uno de sus años más exitosos, tanto en España como en Hispanoamérica, sobre todo por su gran cantidad de actuaciones (porque, artísticamente, estaba muy lejos de colmar las exigencias de los aficionados más entendidos). Pero en 1905, a pesar de que redujo sus intervenciones a cincuenta y tres festejos, consiguió un logro que tal vez no iguale nunca ningún diestro: para acabar con los ciento veintiséis toros que mató, empleó tan sólo ciento treinta y cinco estocadas. En San Sebastián, además, el día 20 de agosto, enjaretó al miura Resbaloso una de las mejores faenas que jamás haya visto la afición donostiarra.

Fue por estos años cuando una parte del mundillo taurino quiso enfrentar el estilo noble, rudo y peleón de Rafael González Madrid, "Machaquito", con la técnica más depurada -si bien igualmente temeraria- de Ricardo Torres Reina, "Bombita". Esta rivalidad dentro de los cosos, si bien un tanto forzada, sirvió para llenar de emoción e interés el peligroso vacío que pudo haber quedado entre la retirada de Rafael Guerra Bejarano,"Guerrita", y la ruidosa aparición de José Gómez Ortega, "Joselito" y Juan Belmonte García. Y aunque es cierto que este enfrentamiento con un torero más largo y poderoso que él -como, en efecto, lo era "Bombita"- fue en menoscabo de "Machaquito", no lo es menos que de la misma repentina rivalidad ganó el torero cordobés un afán por pulir, dentro de sus limitaciones artísticas, la aspereza de su estilo legionario. Unida esta mejora a su inmarcesible destreza a la hora de abordar la suerte suprema, no es de extrañar que "Machaquito" contara, durante los primeros años del siglo XX, con una nutrida y bulliciosa multitud de partidarios.

Esta innata facilidad para recetar estoconazos fulminantes (que, a pesar de su eficacia, no venían ejecutados con toda la pureza que pide la ortodoxia, pues arrancaban de un antiestético paso atrás dado por "Machaquito" segundos antes de echarse sobre el toro), le convirtió en el paradigma del matador valiente, certero y efectivo. El 9 de mayo de 1907, en la arena de la plaza de la Corte, se sirvió de tal maestría para despenar al miura Barbero, que el respetado crítico "Don Modesto" suplicó que tan extraordinario lance quedara inmortalizado en una escultura. Don Mariano Benlliure, gran aficionado a la Fiesta, aceptó el reto y reprodujo el feliz suceso en una de sus obras más logradas: La estocada de la tarde.

"Machaquito" estuvo en los primeros puestos del escalafón hasta que, el 4 de julio de 1909, en el ruedo de Palma de Mallorca, el toro Gurupeto, del hierro de Saltillo, le asestó una cornada tremenda que anduvo a pique de acabar con su vida. Recuperado y reaparecido en 1910, volvió a lidiar más de sesenta corridas, cantidad que también rebasó en las campañas de 1911, 1912 y 1913. Pero ya no mandaba como antes, y buena prueba de ello es que la afición había enredado ahora a su antiguo rival en una apasionada competencia con Rafael Gómez Ortega, "El Gallo". Además, la nobleza y gallardía de "Machaquito" le llevó a solidarizarse con "Bombita" en los pleitos que éste levantó contra los empresarios más poderosos, de resultas de lo cual -abandonados ambos por la vergonzosa insolidaridad de sus colegas esquiroles- se vio muy poco favorecido en la confección de los carteles. Abrumado, además por la irrupción vertiginosa e imparable de "Joselito", se retiró del toreo en Madrid, el 16 de octubre de 1913, día en que cedió los trastos a un toricantano que ya venía, desde novillero, revolucionando el planeta de los toros: Juan Belmonte.

Reverenciado por sus convecinos, que le habían consagrado como el III Gran Califa del toreo cordobés y habían puesto su nombre a uno de los mejores anises elaborados en su tierra, murió en su Córdoba natal el 1 de julio de 1955.

Extraído de McnBiografías...
 

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