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Biografía de Marcial Lalanda



Marcial Lalanda del Pino. Matador de toros español, nacido en Vaciamadrid (Madrid) el 20 de septiembre de 1903 y muerto en la capital de España el 25 de octubre de 1990.

Hijo de un mayoral de la ganadería de don Enrique Salamanca, y hermano de dos toreros -Martín y Eduardo Lalanda- que dirigieron sus primeros balbuceos en el difícil Arte de Cúchares, Marcial vivió en su infancia y en su entorno vaquero un ambiente taurino que le llevó a torear un becerro a los nueve años de edad (en la finca del ganadero segoviano don Luis Baeza, el 24 de junio de 1913), y a matar sus dos primeros becerros cuando sólo contaba con once años. El primero lo lidió en Alameda de la Sagra (Toledo), el 14 de agosto de 1914; el segundo, al que mató en la capital de la provincia el 8 de noviembre de aquel año, le proporcionó su primera salida a hombros, pues de esta guisa fue llevado el niño Marcial hasta la plaza de Zocodover.

Pero esta precocidad quedó truncada por la disposición ministerial que impedía torear a los menores de dieciséis años. Marcial reapareció como novillero en 1919, anunciándose en los carteles junto a su primo Pablo Lalanda Gutiérrez, con quien formó "sociedad" para lidiar durante aquel año y el siguiente en plazas españolas y lusitanas. Se presentaron en Madrid el 24 de junio de 1920 con novillos de Veragua y repitieron el 8 de agosto ante ganado de Villamarta. Marcial cortó dos orejas y salió a hombros por la puerta grande, lo que le permitió culminar aquella temporada y comenzar la siguiente con un sitio reservado en las principales ferias del país.


Frente al toro Pichuchi, de la ganadería de Rafael Surga, tomó la alternativa en Sevilla el 28 de septiembre de 1921, apadrinado por Juan Belmonte y en presencia de Manuel Jiménez Moreno, "Chicuelo". El año siguiente vivió muy de cerca la parte más dolorosa y trágica de la Fiesta: el 21 de abril, en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, compartió cartel con Manuel Vare García, "Varelito", a quien un toro de Guadalest le infirió la tremenda cornada que habría de acabar con su vida al cabo de veintidós días de penoso sufrimiento. Entre tanto, Marcial confirmó la alternativa en Madrid, el fatídico 7 de mayo de 1922, apadrinado por Juan Luis de la Rosa, quien le cedió el toro Misionero, de la ganadería de Veragua, en presencia del infortunado diestro valenciano Manuel Granero. Una parte de la afición levantina culpó a Marcial Lalanda de la muerte de su ídolo, porque cundió el falso rumor de que el torero madrileño había andado algo tardo y remiso a la hora de hacer el quite a Granero cuando el toro Pocapena lo llevaba, corneándolo sañudamente, hasta debajo del estribo, donde le hirió mortalmente en el ojo derecho. Lo cierto es que, según cuentan los cronistas más fiables, Marcial fue el primero en llegar con el capote, lo que no impidió la fatal cogida de Granero; y añaden estos revisteros que Marcial fue el encargado de estoquear a Pocapena, ya que su padrino de confirmación había resultado herido y estaba, en aquel duro trance, en la enfermería de la plaza. No fueron estas dos las únicas cogidas mortales que acaecieron en presencia de Marcial, ya que éste también compartía cartel con Manuel Báez, "Litri", y con Francisco Vega de los Reyes, "Gitanillo de Triana", cuando ambos recibieron las cornadas que acabaron con sus vidas. Él, en su larga carrera profesional, sufrió cuatro cogidas graves: en Madrid (1924), en Zaragoza (1925), y en Toledo y en Valencia (1927).

En 1923 y 1924 estuvo en los primeros puestos del escalafón y siguió progresando hasta 1927, año en que realizó una de sus temporadas más triunfales. El 29 de agosto de 1929 protagonizó una tarde memorable en la plaza de toros de Barcelona, en la que se encerró en solitario con seis astados de la ganadería de doña Enriqueta de la Cova. Brilló con el capote a una altura insuperable, de lo que pueden dar testimonio los ¡veintiún quites distintos! que exhibió ante la rendida admiración de la entonces numerosa afición catalana. Él fue el inventor del celebérrimo quite de la mariposa (que en un principio se llamó de la falda), consistente en citar al toro con el capote echado a la espalda, y llevarlo galleando en zigzag, llamándolo alternativamente por el costado izquierdo y el derecho del torero, pero sin dejarle pasar por ninguno de ambos lados.

También triunfales fueron sus temporadas de 1930 y 1931, pero no así las que discurrieron desde 1932 hasta la Guerra Civil. Durante la contienda tomó partido por el bando insurrecto, aunque ya antes se había enfrentado con las legítimas autoridades republicanas, amparado en su cargo de Presidente de la Asociación de Matadores (también estuvo al frente del Montepío de Toreros). Mientras duraba en España la lucha fratricida, ganó buenos dineros en las arenas francesas, lo que no le impidió ser uno de los primeros que entraron en el Madrid pobre y vencido de 1939, ni apuntarse antes que nadie a la vergonzosamente llamada Corrida de la Victoria, que se celebró en la Monumental de Las Ventas el 24 de mayo de 1939. Adepto al régimen dictatorial recién establecido, recibió el galardón de matar dieciocho corridas en Madrid entre los años de 1939, 1940 y 1941. En el transcurso de dos ellas confirmó las alternativas de Manuel Rodríguez, "Manolete", y Pepe Luis Vázquez, dos jóvenes figuras incipientes con las que no desdeñaba competir el ya curtido maestro. Se cortó la coleta en Las Ventas el 18 de octubre de 1942, ante toros de don Antonio Pérez, en compañía de Pepe Luis Vázquez y Juan Mari Pérez Tabernero.

En sus veintisiete años como matador de toros, Marcial Lalanda actuó en mil setenta corridas y dio muerte a dos mil doscientas setenta y una reses. En la capital de España intervino en ciento veintidós festejos mayores, de los cuales treinta y cinco se verificaron en la Monumental de Las Ventas. También triunfó en América, sobre todo en México (1922, 1925 y 1936) y en Perú (1927). Su enorme popularidad quedó bien reflejada en el archifamoso pasodoble que en su honor compuso el maestro Martín Domingo ("¡Marcial, eres el más grande!, / se ve que eres madrileño, / rival de Belmonte, José, / "Machaquito", Pastor / y "El Algabeño"). Pero si bien es cierto que dicha rivalidad -que puede englobar a otros muchos diestros con los que compitió valientemente el torero de Vaciamadrid- le obligó a dominar todo tipo de toros y ejecutar con soltura cualquier lance, no lo es menos que Marcial presentó algunos defectos poco disculpables en quien pretendía pasar por "el más grande". Así, verbigracia, no fue del todo ortodoxo en el manejo del acero (Gregorio Corrochano aseguró que "mataba en parábola", porque tenía la fea costumbre de apuntar muy alto con el estoque); y afectó en demasiadas ocasiones una teatralidad que, en palabras de Néstor Luján, "resultaba ampulosa y frigorificada".

Extraído de Biografias y Vidas 

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